lunes, 18 de octubre de 2010

Nueva York (segunda parte).

Obviamente esta ciudad se merece todo el tiempo que uno le pueda dedicar, por eso siempre es una buena decisión tomar el tren e ir a pasar allí el día. La visita fue hace dos fines de semana, pero he decidido posponer la entrada el blog hasta hoy. Por cierto, he de destacar que fuimos todos los estudiantes internacionales, y con nosotros un amigo americano: Ewan.

He aquí un pequeño resumen de los lugares que visitamos.

New York City Public Library (Biblioteca Pública de Nueva York).

Escenario típico de películas y series de televisión. Es un lugar realmente impresionante, tanto por el edificio en sí como por todo el "mobiliario". Decir que justo en frente del edificio "clásico" existe otro, de apariencia más moderna, imagino que para atender a la demanda de usuarios.

Una de las magníficas salas de lectura. En un ambiente así, a todo el mundo le apetece estudiar, ¿verdad?

Sixth Avenue - Avenue of the Americas (Sexta Avenida - Avenida de las Américas).

A pesar de que uno, siempre que piensa en NYC, piensa en la 5ª Avenida -es decir, la de las tiendas-, lo cierto es que la 6ª me sorprendió más. Es aquí donde uno se puede encontrar los rascacielos de las grandes empresas (la mayoría relacionadas con el mundo de las finanzas)... te hacen sentir realmente minúsculo...

Intento de capturar el tamaño del rascacielos... imposible con una cámara convencional...

Una de las muchas fachadas típicas de las pelis.

Ésta en concreto se encuentra en algún punto de Broadway... o por allí... tampoco iba prestando demasiada atención a dónde estaba cuando tomé la foto. Lo cierto es que sí, muchos edificios tienen la escalera de incendios instalada en la fachada, y si uno se empeñase no sería difícil bajar el último tramo y trepar... mejor no probar.

Esta parte de la ciudad sí es original... y no el resto de lugares típicos a los que los turistas solemos ir como "ganado" -que obviamente también hay que visitar-. Véase: Times Square, Central Park...

Little Italy (La pequeña Italia).

Uno de los lugares que más me decepcionaron, y no porque no sea bonito o característico, de hecho lo es, y su atmósfera yo diría que es la mejor de las que conozco en la ciudad. Es sólo que me imaginaba que la gente hablaría en italiano, pero eso por lo visto era en el pasado. A pesar de estar plagada de restaurantes/negocios italianos, los trabajadores son inmigrantes que, obviamente, no hablan italiano.

Merece mucho la pena, yo diría que es un básico. He aquí algunas fotos peculiares:

Cartel en una farola, con las banderas de Italia y EE. UU., indicando la calle en la que empieza el barrio.

Vallas pintadas con la bandera italiana, para que no las roben y las usen en otro barrio.

Boca de incendios, una vez más, pintada. Ésta no creo que la roben... pero bueno...

Brooklyn Bridge (Puente de Brooklyn).

Conecta Manhattan con Brooklyn, de ahí su nombre. Está repleto de turistas, y para llegar hasta los pilares hay una pasarela, dividida para ser usada por ciclistas y peatones. Y es que hay que tener cuidado con la gente que conduce las bicicletas... especialmente cuando circulan cuesta abajo...

Foto que hace el 99,9% de turistas que visitan la ciudad. También venden la postal, pero... ¿para qué pagar pudiendo tomar uno mismo la foto?

Por último, el detalle curioso de la jornada. La cantidad de taxis que circulan por NYC es incalculable, uno está para cruzar un paso de zebra y, en ocasiones, sólo hay coches amarillos. Es raro fijarse en uno en concreto, sobre todo porque en el intento se puede perder de vista... pero no es el caso de éste...

"NEXT STOP: MADRID" ¡Qué poco hace falta para que a uno le alegren el día!

Uno ve esto y hasta le dan ganas de montarse y hablarle al taxista en español... cosa que probablemente fuese una estupidez soberana... quizás a más de uno se le haya venido a la mente este anuncio...

viernes, 15 de octubre de 2010

La comida (I).

A los americanos les encanta comer, lo hacen a todas horas, no paran de darle a los snacks. Particularmente, a mi lo que más me gusta de la gastronomía local (por lo menos de la que he probado hasta ahora) son los dulces. Todo está bueno, ¡buenísimo! Comencemos con el menú:

Blueberry pie (tarta de arándanos).

Una de las típicas de las películas, de esas que cocinan las madres americanas y que dejan a enfriar en la ventana, hasta que llega alguien (un lambón) y se la come. Su sabor es muy característico, bastante dulzón... ojalá tuviésemos esta clase de productos en los supermercados en España.

Primer plano de un trozo de tarta de arándanos. Segundos después sólo quedaban rastros de ella...

Apple pie (tarta de manzana).

Si la anterior es conocida, esta es el buque insignia del país en cuanto a lo que dulces se refiere. Generalmente se suele cargar con una buena cantidad de canela en el interior... simplemente deliciosa.

Un trozo de tarta de manzana roto por la mitad. A pesar de ello sólo quedaron migas en el plato.

Donuts.

Como los que come el jefe de policía de Springfield, en los Simpsons. En el supermercado sólo los tienen con la capa superior en chocolate o en azúcar glaseado, pero en Dunkin Donuts se puede encontrar el legítimo, en rosa. Desde mi punto de vista, los españoles están más ricos, aunque estos también están buenos, pero su sabor recuerda un poco más al de la grasa... que nadie se engañe... se comería hasta el papel.

Primer plano de esta bomba hiper-calórica.

El mismo modelo pero cubierto de chocolate... ¡más vale tener una botella de agua cerca cuando uno se lo termina!

Macarroni and cheese (macarrones con queso).

Especialmente para niños, en este caso en concreto, pero un plato (no muy complicado, como se puede apreciar) a gusto de todos, sin importar la edad. Su sabor poco tiene que ver con lo que nosotros podemos esperar de la pasta, pero también se deja comer.

Con figuras de Bob Esponja y Toy Story... en este país todo es posible.

Chicken tenders (pollo rebozado [≠nuggets]).

Otro de los productos nacionales de las empresas de comida basura: el pollo. Cualquier ocasión es buena para comer fritanga, sin importar la parte que sea: nuggets, alitas, muslos... o carne magra, como en este caso los tenders.

La foto es de uno de los menús del servicio de comida rápida de la universidad, éste incluye: una pieza de fritanga, patatas fritas o ensalada y una bebida -la gente generalmente elige un refresco-. 

Hay que apurar a comer, no sea que se enfríe y se solidifique...

Galletas Oreo®, pero esta vez sin ser fritas.

La Oreo® aquí es como el crêpe en Francia, sólo le falta estar en la bandera del país y tener un artículo en la constitución. Para mantener presente en la mente del consumidor este producto, el cual ya tiene unos añitos, se recurre a medidas como la de la foto:

Edición especial de estas galletas, con forma de balón de football. Esto se podría hacer en España con menos coste, no habría que cambiar la forma de la galleta, sólo el dibujo.

Y he aquí una de las que venía en el interior. Curioso, ¿verdad?

Para terminar, quiero salirme un poco de los estereotipos, y defender la idea de que también aquí se puede comer sano, si se quiere. Como ya comenté en el post del supermercado, en los Estados Unidos se pueden encontrar productos de todo el mundo, y entre toda esta variedad, nos podemos encontrar también las maravillas de nuestra dieta mediterránea (digo nosa, por non decir "da dieta", a secas... en Galicia mediterránea, o que se di mediterránea... tampouco é ó 100%):

Aceite de oliva virgen extra y vinagre de Módena... a veces el cuerpo pide tregua, y se agradece una ensalada.

Los precios de tan exquisitos manjares son algo elevados por estas tierras, en concreto el del aceite de oliva... por 500ml, el de la marca del supermercado -la más barata- me ha costado $8. Puede parecer caro -lo es-, pero luego de unos días aquí esto es más como una medicina, diría yo...

¿Tiene buena pinta? ¡Porque todo esto está divino! Hay que tratar de ir compensado comida saludable con este tipo de alimentos, sino uno se guía por comer sólo basura y luego se pone como un tonel (para ser máis preciso, coma un bocoi)...

martes, 12 de octubre de 2010

El otoño en Connecticut.

La primera impresión que tengo del tiempo en Danbury es que es extremadamente irregular. Durante los primeros días (todavía verano) hacía un calor insoportable, que junto con la humedad hacían imposible salir a la calle durante las horas de más sol. 

Ahora depende del día, pero no hay progresividad. En una misma semana hemos pasado de 22ºC a 15ºC al día siguiente, y de nuevo a 20ºC, lo que se nota especialmente en la garganta. Además, es similar el caso de la lluvia: hay días soleadísimos y otros en los que no se ve ni un rayo a través de las nubes.

En fin, meteorología aparte, merece la pena destacar la belleza de esta estación del año, con el cambio de color de las hojas de los árboles. Puede parecer estúpido, ya que uno puede pensar que eso pasa en todas partes de igual forma, pero aquí me parece -quizás sea sólo una impresión- que la variedad de colores es todavía mayor.

Diferentes tonalidades de verde, marrón, naranja, ocre... e incluso algo así como rosa. Es una pena que la calidad de la foto no sea demasiado buena como para apreciar la variedad de colores también en segundo plano.

En todo caso, algo diferente ha de tener el otoño aquí, ya que de todas las postales que he encontrado sobre Connecticut (sobre Danbury, en sí, no hay), la mayoría son de lagos rodeados de arboledo multicolor.

Habrá que salir a dar un paseo por ahí y sacar unas cuantas fotos...

domingo, 10 de octubre de 2010

Pumpkins!

Esta mañana hemos tenido la suerte de que Sarah (una amiga americana) y su madre nos hayan llevado a buscar uno de los objetos básico de cara a Halloween: una calabaza. Pasa un poco como en Navidad, cuando empezamos a ver turrón en los supermercados desde principios de noviembre...

Fuimos a Blue Jay Orchards, en Bethel, muy cerca de Danbury, y la verdad es que lo pasamos como niños.

Panel en la entrada de la finca.

El lugar en sí, es una especie de huerta biológica, donde uno puede ir a coger sus propias manzanas de los árboles (nota cultural: manda carallo ir pagar por apañar mazás... hai que importar este invento...) y demás productos de la tierra. Como la extensión de las fincas con árboles frutales es considerable, tuvimos que montarnos en el remolque de un tractor para que nos llevasen al campo de las calabazas.

La globalización ha llegado hasta tal extremo que uno se siente tan en casa en Connecticut como en Galicia.

Una vez allí, ya sólo queda elegir la que más nos guste, por su forma, peso, color, etc. Como anécdota destacar que hay un campo paralelo para los más pequeños (con calabazas de menor tamaño), ya que generalmente se empeñan en que quieren una tan grande como ellos... y obviamente no la dan ni levantado del suelo. Es divertidísimo verlos emperrados intentándolo y cayéndose de culo.

Campo de calabazas para "mayores". Algunas de ellas pueden ser realmente pesadas...

Como uno puede pensar, la gracia de las calabazas es vaciarlas y hacerles ojos, nariz y boca, pero como aquí piensan en todo, se pueden comprar los kits para "tunearlas" en la mismo sitio.

Por tan sólo $5,95 podemos tener este conjunto de accesorios para labrar nuestra calabaza. Pone que es más seguro que un cuchillo tradicional... pero por ser la primera vez creo que optaré por lo tradicional.

Para finalizar decir que en la tienda de esta explotación agrícola, también se pueden encontrar productos como sidra, dulces, toda clase de manzanas ya recolectadas, etc. Especialmente buenos están unos roscos llamados cider donuts, que tienen un cierto gusto a manzana (como es normal pensar) y que llevan por encima azúcar espolvoreado.

Un "donut de sidra", que sería la traducción literal de su nombre en inglés. No sé cómo lo consiguen, pero aquí todo la bollería está muy buena...

Como curiosidad decir que mi calabaza me costó $9, siendo el precio por libra de 59¢. Esto quiere decir que, así por lo alto, mi calabaza pesa unas 15,25 libras; es decir, unos 7 kilos (6,91). Estoy impaciente por ponerme a "tunearla" -será una de las protagonistas de mi entrada sobre Halloween-.

Muchísimas gracias Sarah y Ms. Petersen por adentrarnos un paso más en la cultura estadounidense.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Malgasto de energía.

Una impresión que tengo desde el día en que llegué, es que aquí se derrocha mucha, muchísima energía, y explicaré las razones que me llevan a afirmar esto.

En primer lugar, he de hablar del aire acondicionado, que más que eso parece una ventisca. Los primeros días aquí, lo cierto es que hacía mucho calor (sobre 30ºC), incluso diría que la sensación térmica era de más, debido al grado de humedad. En ese caso lo podría entender. 

Pero es que lleva regulado a la misma temperatura y potencia desde agosto, y esto ya no es ni medio normal teniendo en cuenta la caída de temperaturas... y es que hoy hacía 11ºC. En la shuttle (el autobús que conecta los dos campus de la universidad) hace más frío que en la calle, no puedo ir a la biblioteca a estudiar porque -literalmente- me congelo y para más inri, en la residencia no encenderán la calefacción hasta el día 15 (rectifico el título para este caso en concreto, eso es ahorrar demasiado).

Con respecto a lo de dejar la luz encendida... tampoco me entra en la cabeza. ¿Por qué motivo tiene que estar la luz de los pasillos de la residencia encendida 24 horas? ¿No sería más sensato instalar un sensor de movimiento, o pulsadores que la mantengan encendida unos minutos?

Que conste en acta que esto no ha sido siempre así... hay que remontarse un poco en el pasado para demostrarlo, pero he aquí una prueba.

Véase el año en el que el mensaje se puso en el interruptor... veamos... ¿qué pasó ese año...?

Veremos qué pasará con la calefacción ahora en invierno... ya me han anticipado que hará mucho calor en la residencia... ¿será que sólo hay un interruptor que pone "calor" y "frío"? En todo caso, con respecto a lo de las luces, intentaré apagar tantas como pueda cuando no sean útiles... aunque nadie más lo haga...

domingo, 3 de octubre de 2010

Noria, fuegos artificiales y... ¡dulces!

El sábado pude ver una feria (en galego: o que sería unha festa dunha vila de tamaño medio) en la ciudad de Southington, Connecticut.

Lo cierto es que no me imaginaba que hubiese tanta gente, sobre todo teniendo en cuenta que la noche cayó fría, pero daba gusto andar por el centro de la ciudad, con tanto ambiente.

La noria y la taquilla justo delante.

Los parecidos con las españolas son evidentes -es lo que tiene la globalización-, pero uno siempre se encuentra con cosas típicamente americanas. Por ejemplo, había una tienda de productos John Deere® (camisetas, polos, gorras...), un candidato a senador del estado haciendo campaña repartiendo pegatinas (lógicamente tengo una)... así como otros detalles peliculeros:

El medidor de altura.

El típico de "hay que ser como mínimo así de alto para subir". Aunque ahora los niños no deben ser tan traviesos como antes, no vi a ninguno con plataformas ni estirándose para dar la talla. En concreto, éste era de unos toboganes gigantes, como se puede apreciar a continuación.

Foto de tan peliculero elemento.

El martillo con la campana.

A pesar de que proliferaron bastante en los últimos años por mi zona, no pude evitar fijarme en uno de los "auténticos", con el disco metálico en lo alto.

Probar suerte en uno de ellos siempre puede meter en apuros... me imagino a un niño pequeño con mejor puntuación que la de un adulto...

Y como no podía ser de otra manera, todo acontecimiento estadounidense ha de estar acompañado por algún tipo de tentempié. ¡Ésta es la mejor parte!

Apple fritters.

Son una especie de buñuelos hechos con una masa que, obviamente, lleva manzana. Luego se rebozan en canela y azúcar... ¡están divinos!

Detalle de su apariencia.

Los mejores, por lo que me contaron, -y los que yo probé- son los que hacen los miembros de la Zion Lutheran Church. Y debe de ser así, si se tiene en cuenta que la cola media para conseguir tan preciado manjar era de 500 m, aproximadamente.

Galletas Oreo® fritas.

Sí, no me he equivocado. Yo también me quedé impresionado cuando lo leí, pero automáticamente pensé... ¡a por ellas!

No es que las echen literalmente en aceite, sino que las sumergen en una especie de masa líquida (como la que se utiliza para hacer crêpes; en galego: freixós) y luego las echan a la sartén. Obviamente, la galleta cambia de textura, pasando a reblandecerse... pero tiene un buen sabor. No es el invento del siglo, pero sí algo curioso.

Bandeja con 6 unidades de Oreo® fritas. 0% materia grasa.

"No parecen Oreo®, ¿no estarás de broma?" Respuesta: No.

Oreo® a prueba de líquidos... la puedes meter en leche que la repele.

Pero la gastronomía no se limita sólo a esto, hay muchas más cosas que probar, basta con sólo echar un ojo al letrero del establecimiento donde compré las galletas fritas.

Todo sano, y es que las posibilidades de la fritanga no conocen de límites.

Por lo visto no es tan extraño encontrarse con este tipo de productos, de hecho, a raíz de eso comencé a preguntar a la gente y parece ser que a veces uno también se puede encontrar en la "carta" con helado frito, preparado igual que las galletas.

Fue una verbena realmente agradable. ¡Muchas gracias Kelly (y familia) y Edmund por mostrarnos una vez más los auténticos Estados Unidos! Ah, y gracias también a Essi y a Anne por las fotos... mi cámara se quedó en casa en esta ocasión...

jueves, 30 de septiembre de 2010

This is crazy man, CRAZY!!

En esta entrada no habrá fotos, no he podido conseguirlas, lo que en parte es mejor. Acabo de llegar de salir en un "club" americano, lo que sería una especie de discoteca, pero con música de pub... una combinación diferente.

Lo cierto es que vengo escandalizado, y trataré de explicar la razón. Fuimos a Tuxedo, un "club" en el centro, nos llevó Anouk (una chica francesa) junto con sus amigas... pero aquello era otra cosa, aquello era un templo del vicio.

La gente no bailaba, se restregaba, literalmente (en inglés: to grind). Es increíble ver a chicas de 18 años rozándose literalmente con un tío al que ni siquiera conocían, o al que no le habían visto a lo mejor ni la cara, porque el tío se había acercado por detrás... pero además la cosa ya era más que nada lujuriosa, las chicas casi a cuatro patas, en el medio de la pista de baile, y los tíos levantándoles el vestido hasta la cintura... obviamente -o no tanto- ellas se lo volvían a bajar, pero tampoco demasiado.

Especialmente chocante fue ver a una compañera de clase de una de las chicas ejecutando tan sensual baile, al mismo tiempo que agitaba la mano saludando, mirando hacia nosotros... no tengo palabras. Vergüenza ajena es un concepto que hoy se me ha quedado corto, han de inventar una nueva palabra para describir lo que presencié esta noche...

Lo cierto es que comentando ésto con uno de mis compañeros de piso, éste me ha dicho que eso es "normal" en determinados lugares, y especialmente si uno se va a algunos clubs en NYC, donde no es tan extraño ver a gente manteniendo relaciones sexuales en la pista de baile... y si el río suena...

También me llamó la atención cómo los menores de 21 se las ingenian para beber en los "clubs". Al entrar, te piden un documento de identificación y, si eres mayor de edad, te ponen una pulsera de papel, de este modo no tienes que enseñar el pasaporte/carné de conducir cada vez que vas a pedir. El caso es que los más avispados toman prestada una de éstas y luego van a la barra a por bebida (imagino que traerán celo de casa, porque la pulsera al sacarse se rompe...). Hecha la ley, hecha la trampa.

Por cierto, una "caña" en este lugar, y sólo hasta las 11, costaba $1; a partir de esta hora, $2. No está mal, ¿eh? El "club" cerraba hacia las 2, para hacerse una idea de los horarios americanos de fiesta.

Gracias a esta "expedición" hoy he comprendido una expresión que mi compañero de habitación usa habitualmente: "Bitches be crazy, son!". Y es que lo de hoy hay que verlo para creerlo.